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Homenaje a Adelaida C. de Campopiano

El presente video, como lo expresa el músico y compositor, Carlos Arturo Juárez, sobrino de Adelaida “…es mi humilde homenaje a un ser que admire profundamente…para vos tía…”

  Es difícil escribir sobre una persona tan cercana. Es difícil escribir sobre mi madre, más aún cuando ya no está físicamente.

  Nació en la provincia de Tucumán, el 1 de Enero de 1930 y murió  en el mismo lugar, a los 78 años el 6 de Marzo de 2008. La crónica de un diario, cuando falleció, la describió como “una mujer de una gran vitalidad, que preservó su lucidez hasta el último momento”.

  Cuando secuestraron a mis dos hermanos – uno de ellos pudo ser recuperado – su mirada se transformó en desesperación, en una impotencia infinita frente a la incertidumbre de no saber dónde estaban, quien o quienes le habían arrancado dos hijos con la brutal impunidad con que lo hicieron.

A partir de ese día, 21 de Octubre de 1976, ya nada volvió a ser igual. Los primeros tiempos, fui testigo de su muerte en vida. Pero una mañana, decidió levantarse de un modo diferente y emprendió  la búsqueda de Julio de una manera implacable. Esa búsqueda, con el paso de los años, fue extensiva a los miles y miles “de mis otros hijos” como solía llamarlos: Los desaparecidos en esta provincia.

  Hasta su muerte, no admitió jamás un no como respuesta, primero ante la indiferencia de los gobernantes de turno y con posterioridad ante la lentitud de la justicia a la cual solía definir: Su lentitud, no es justicia…es dilación que alimenta la impunidad… Y no se dio por vencida en la búsqueda de la misma, de la Verdad y la Memoria. Esa fue la impronta que marcó su vida desde aquel Octubre del 76, por Julio y por todos hasta su muerte, cinco meses antes de poder ser testigo directo del primer juicio contra el más sangriento genocida en Tucumán: Bussi.

  Durante todos esos años de lucha, la persiguieron, la agredieron, física y psicológicamente, nunca claudicó. Junto a otras madres primero y otros familiares de desaparecidos después – me viene a la memoria los nombres de Marina de Curia, Nena de Ponce, Irma Holmquist, Blanquita de Paz, Natividad que falleció 2 meses antes que ella, todas mamás de desaparecidos tan desesperadas como ella y que ya no están. O Mimí de Corral, quien perdió a su hijita de tan solo 16 años fusilada en Arsenales por Bussi, también de Nelly Bianchi, quien perdió a su hijo, estudiante de bioquímica y poeta como mi hermano, hoy con problemas de salud, ambas; y la imagen que dibujo es la de todas ellas junto a mi madre, reunidas en el atrio de una iglesia o buscando un lugar donde organizar la búsqueda, cómo obtener respuestas veraces, concretas sobre el paradero de todos sus hijos. A pesar del miedo, muchas veces transformado en terror, continuaron… y con el tiempo, con su pañuelo blanco que una tarde yo misma le bordé de color azul. Recuerdo que le pregunté: ”¿No será mejor que lo borde de color negro para que se note más?” “No -me contestó- el negro es duelo…Julito está vivo…bórdalo de azul porque él es de Boca”.

  El pañuelo que la acompañó hasta la tumba…así pidió que la sepulten: Con el pañuelo y la pequeña pancarta de su hijo colgada del cuello. Con el paso de los años, ya no podía sostener el peso de una más grande en la marcha de los jueves.

Julito, mi hermano, fue secuestrado el 21 de Octubre de 1976, al día siguiente – 22 de Octubre – era su cumpleaños número 19, casi un niño. La letra de ésta canción compuesta por mi primo Carlos, es una adaptación de un poema de Julio. Él era poeta y escritor, actor y divertido. Julio era un niño-grande lleno de vida. La vitalidad le brotaba por los poros. La hacía reír mucho a mi mamá…y ella no volvió a reír nunca más como cuando lo hacía con Julio. La dictadura se llevó, junto a su hijo, lo que ella más amaba de Julio: Su risa.

La letra adaptada de esta canción, forma parte del libro de poemas “Cantar del Tiempo” que mi mamá le hizo publicar en Estocolmo, Suecia, bajo el sello de la Editorial Saltomortal, en el año 1986. Lo hizo porque “quería darle una sorpresa” cuando lo liberen: Julio soñaba con publicar su literatura y que lo lean. Julio nunca volvió, pero mi mamá, con esas promesas que cumplía a rajatabla, no solo lo publicó, sino que consiguió que lo lean porque ese libro forma parte, hoy, de bibliotecas como las del Congreso de EEUU, de la Universidad de Indiana, de Harvand  o la Biblioteca Nacional aquí en Argentina.

  Este era mi hermanito, esta mi mamá…Siento mucho orgullo y amor por vos… y sos mía; gracias es chiquitito para todo lo que me enseñaste, por eso siempre te abrazo sobre mi corazón.

Mimí  Campopiano

ELLA NADA MÁS

                          -Adaptación del poema de Julio C. Campopiano, Ella nada más, “Cantar del Tiempo”, pag. 22, Editorial Saltomortal, Estocolmo, Suecia – Músico, compositor y adaptador: Carlos A. Juárez -

Ella es como cualquiera que una vez

Se cansó de hacerle preguntas al silencio

Y entonces decidió no regresar jamás

Solo ella abarca un planeta enorme dibuja en la mañana con el sol

Hoy le canto mi poema pinta un angel con mi nombre

Mira al cielo y de mano me acompaña al infinito

Ella aparece un día con su interminable inocencia

Se acurruca en las palabras y me mira

Y mira desde el fondo de mis ojos

Hace cualquier cosa incluso con mi sombra

Y siempre en la mañana mira el sol

Hoy le canto mi poema pinta un ángel con mi nombre

Mira el cielo y de mi mano me acompaña al infinito

Hoy, ella sola abarca un planeta enorme donde puede inventar

El duende más pequeño o dibujar la mañana con cualquier recuerdo

Ella aparece un día con su interminable inocencia

Se acurruca en las palabras y se queda mirándome

Desde el fondo de mis ojos

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